Packaging: el arte de envolver emociones en los productos

Packaging: el arte de envolver emociones en los productos

Packaging: el arte de envolver emociones en los productos

 

El Packaging es la ciencia o el arte de empaquetar cualquier producto para su embalaje, distribución y venta, jugando con la magia de combinar diseño, ergonomía, optimización, visibilidad y un punto de picardía para cautivar a los consumidores envolviendo su experiencia de compra en pura emoción.

Porque ¿quién se resiste a comprar productos que envuelven emociones? Prácticamente nadie. Entonces eso nos tiene que dar la clave de lo que hay que perseguir siempre a la hora de posicionar un producto en el mercado: debe emocionar en la forma y en el fondo.

El Packaging surge de la necesidad de envasar los productos para poder transportarlos y si nos remontamos en el tiempo el primer embalaje de la historia serían las ánforas de arcilla que surgieron cientos de años antes de Cristo para poder transportar el vino. Desde que ese envase económico y resistente se pusiera en marcha en los caminos hasta nuestros días, no hay producto que se lance en el mercado sin que necesite un embalaje o empaque. Este puede ser más o menos práctico, más o menos resistente, más o menos atractivo, pero siempre necesario para el producto en sí y para transportar dicho producto. Así que ¿por qué no tratar de diseñar algo que además de práctico y resistente para el transporte sea agradable a la vista?

¿Por qué es importante el packaging?

Cualquier productor que apueste por el diseño del embalaje desde una óptica integral conseguirá que su producto se diferencie en el lineal de supermercado, destaque en el expositor de la tienda sobre el resto y acaba impactanto visualmente en el consumidor al evocarle alguna sensación ya sea provocación, risa, empatía con su estilo de vida o sus valores o simplemente curiosidad, pero en definitiva una emoción que le haga pasar por caja.

En pleno siglo XXI los consumidores estamos hipermegasaturados por insights que intentan variar nuestra conducta por todos los medios posibles. Estamos sometidos a millones de impactos para consumir y al final aquello que además de vendernos un producto nos vende una sensación es lo que conseguirá hacer diana en el bolsillo. Nos iremos a casa con el producto envuelto en un mar de sensaciones porque cuenta con un packaking impactante, bonito, práctico, elegante, colorido, vistoso, algo que nos hace disfrutar del producto desde el minuto cero, desde fuera, desde antes de tener el propio producto en nuestras manos, en nuestra boca, en nuestro cuerpo, en nuestra casa. Todo eso nos evocará siempre una experiencia de compra positiva que nos hará sentir bien al recordarla, que nos llevará a volver a comprar de nuevo el producto o que nos impulsará a compartir nuestra experiencia con los conocidos generando así una llamada a la compra social.

En un mundo tan globalizado y tan visual, es más importante que nunca cuidar la imagen de todos los productos. Es posible que de entrada pensemos que un embalaje bien diseñado es caro de producir o que resulta totalmente innecesario para nuestro producto por ser de primera necesidad o un utensilio de uso cotidiano, nada gourmet ni artesano ni de gama alta. Pues todo lo contrario. Generar diferencia con la competencia por un packaging cuidado es apto para todo tipo de productos y si encima envuelve un buen producto práctico, sano, original, bueno o bien hecho, la inversión en el diseño del empaque se verá recompensada con creces. ¿A quién no le gusta tener al alcance de la vista algo impactante o en sus manos algo que rompa con su monotonía y le haga cambiar su estado de ánimo? No es necesario colocar aquí la respuesta; todos la sabemos.

Para demostrar que sí es posible envolver distintas emociones en prácticamente cualquier producto por peregrino que parezca, he recogido en este Storify más de 230 ejemplos con imágenes de packaging cuanto menos originales o curiosas.

Hay ejemplos de alimentación, bebidas, ropa, utensilios para el hogar, para la higiene personal… unos se basan en el humor, otros en la provocación sexual, otros tienen una presentación exquisita, pero sobre todo hay ejemplos curiosos que demuestran una vez más, al igual que en este artículo dedicado al street marketing, que con un poco de imaginación y una chispa de creatividad, se puede vender un producto desde su envoltorio de plástico, cartón, madera o vidrio hacia dentro. Eso sí, advierto: no por mucho envolver, si el contenido al final no es bueno, bueno puede que la emoción se desinfle, desinfle y no se aproveche al máximo la posibilidad de captar a un consumidor fiel a la marca por los tiempos de los tiempos. Así que recuerda: vistosidad sí, calidad también, emociones siempre.