Las redes sociales y el grooming

Las redes sociales y el grooming

Las redes sociales y el grooming

Desgraciadamente los depredadores sexuales de menores han encontrado en las Redes Sociales un aliado perfecto para sus prácticas y fechorías.

fanpage_facebook_smpLos menores como bien sabemos, son usuarios masivos y en demasiadas ocasiones casi compulsivos de las redes. En ellas depositan su reconocimiento personal y social, a través de ellas tejen sus relaciones con sus iguales de forma tan intensa que viven en una especie de mundo virtual con destellos de un mundo real. No hay más que ver cuando están reunidos, cada uno con su smartphone en la mano…

 Pero esta actividad frenética no está exenta de riesgos, porque en esas redes y a través de ellas, comparten confiada y despreocupádamente todo tipo de datos personales y sobre todo, fotos. Debemos comprender que los adolescentes están inmersos en una etapa de su vida en la que comienzan a descubrir su sexualidad y sus “hormonas alborotadas” les llevan a juguetear con el envío de fotos comprometidas o la utilización de la webcam para exhibiciones de sus cuerpos. Independientemente de que nos pueda gustar más o menos, como adultos y sobre todo como padres, este tipo de “juegos sexuales”, el verdadero problema comienza, si uno de esos depredadores sexuales, a los que me he referido y que andan navegando por la red como auténticos tiburones en busca de carnaza, pone su atención en uno de estos menores despreocupados.

Las redes sociales y el grooming  son aliados perfectos en la causación de daños terribles a los menores que son víctimas de tan deplorable delito. Porque el adulto abusa de su madurez para engatusar y engañar, obteniendo la primera o primeras imágenes comprometidas y a partir de ahí, comienza el infierno para el menor, puesto que es chantajeado de forma despiadada,  con la amenaza de que esas imágenes o grabaciones serán difundidas entre sus contactos. De esta forma, los acosadores consiguen más y más material en el que el adolescente ya hace todo lo que le es demandado e incluso y en los casos más graves llega a existir contacto físico en el que la agresión sexual se consuma.

Ante este riesgo real y grave, los menores deben por supuesto seguir utilizando y disfrutando de las redes sociales, pero tienen que ser asesorados y sentirse acompañados por sus mayores.

Deben saber que compartir fotos comprometidas o juguetear con webcam, haciendo cosas que no harían si los padres estuviésemos delante, es una práctica de riesgo. Tienen que saber que en internet no hay nada privado, que aunque ellos entienden y saben la forma de cerrar la privacidad de sus perfiles, hay otras personas que saben romper contraseñas y hasta hacerse con el control del ordenador.

Pero sobre todo lo que deben saber es que el grooming  es un delito. Y que si son  acosados, amenazados y chantajeados  por alguien,  que persigue,  obtener favores sexuales, a cambio de no difundir fotos o grabaciones que obtuvo por haberse ganado su confianza o por haber pirateado su ordenador, ellos no son culpables de nada sino sólo las víctimas.

Tienen que oír una y otra vez que han de acudir a sus mayores de confianza y contar lo que les está pasando desde el minuto uno. No pueden pasar por ese trance, solos,  e ir cediendo a las peticiones y demandas de esos indeseables. Es importantísimo en estos casos la confianza y el clima de apertura y transparencia que exista en la familia. En esa confianza puede residir la clave de salvar al menor del sufrimiento y de males muchísimo más graves si se llega a concertar un contacto físico.

Y a los adultos, simplemente insistir en que hay que denunciar de inmediato a la Guardia Civil,  es además un acto de solidaridad con otros menores que pueden estar siendo víctimas.