Enfermedades tecnológicas: haz off para estar on

Enfermedades tecnológicas: haz off para estar on

Enfermedades tecnológicas: haz off para estar on

Ya es innegable. Estamos hiperconectados, la tecnología lo ha invadido todo, la conexión es más ubicua, flexible y continuada y más que está por venir con el Internet de las cosas. Pero nada en este mundo es ajeno a los peligros y el uso, pero sobre todo el abuso, de la tecnología puede conllevar muchos riesgos para la salud. Como prevenir es curar, toca hacer un repaso de las enfermedades tecnológicas para ser conscientes de que hay que pasarse al off y desconectar para poder estar bien estando on y no acabar enfermando.

Ordenadores, videojuegos, tabletas, smart TV, smarphones, reproductores… el listado cada vez es más amplio. Vivimos rodeados de aparatos y aunque los riesgos para la salud no son nuevos, hay que reconocer que en los últimos años desde que Internet se ha colado en nuestros bolsillos hemos experimentado un crecimiento exponencial en el tiempo de conexión, estamos rodeados de pantallas de todo tipo, de avisos, pitidos, melodías y vibraciones que llegan desde múltiples dispositivos y todo ello aumenta la posibilidad de sufrir una de las llamadas enfermedades tecnológicas. Conviene hacer un listado de ellas porque si no se toman las medidas oportunas los beneficios que nos aporta la tecnología pueden revertirse en nuestra contra. Tu cuerpo y mente lo agradecerán; así que toma buena nota.

Cinco enfermedades clásicas que se mantienen sostenidas en el tiempo:

  • Dolores de espalda y articulaciones. Adoptamos malas, malísimas posturas a la hora de estar sentados frente a un ordenador, mucho peor cuando nos conectamos con un portátil o tableta bien sea de pie, sentados de cualquier forma o tumbados y no digamos ya con un teléfono que por su flexibilidad nos ‘permite’ conectarnos adoptando prácticamente cualquier postura corporal. La espalda no es un tema menor, lo que empieza con un pequeño dolor se puede convertir en algo crónico así que los típicos consejos de sentarse formando un angulo recto con la silla, levantarse y cambiar de posición cada cuarenta y cinco minutos o una hora máximo, así como realizar ejercicios para desbloquear la espalda a diario es algo que toca aplicar siempre
  • Tensión ocular. Abogar a la manida frase “que Santa Lucía te guarde la vista” no va a ser suficiente si pasas muchas horas delante de una pantalla/pantallita sin descansar la vista cada poco tiempo. Parece obvio pero a veces fijamos tanto la vista en la pantalla que prácticamente el acto reflejo de pestañear se nos olvida y eso además de provocar vista cansada es un desencadenante del síndrome del ojo seco o escasez de lágrimas pues cada vez aumenta el porcentaje de personas que lo sufren por pasar demasiado rato sin retirar la vista de la pantalla electrónica. Toca descansar la vista cada veinte minutos mirando hacia otro lado y hacer ejercicios con los ojos de forma rutinaria.
  • Síndrome del tunel carpiano. El teclado del ordenador que obliga a extender las manos de forma antinatural y el ratón que tanto trabajo nos facilita, provocan una postura forzada de la mano con consecuencias nefastas para la muñeca. Los tendones y ligamentos se resienten y pueden provocar el bloqueo. Usar teclados ergonómicos y reposamuñecas pueden ser un buen comienzo para evitarlo, además de cambiar de postura cada poco y no teclear ejerciendo demasiada fuerza.
  • Sedentarismo. Esta es una regla matemática muy sencilla: mucho tiempo sentado provoca falta de actividad física y si no la hay esto lleva a un sobrepeso. No hay más. Evitarlo es fácil: hay que guardar a diario al menos media hora para practicar algún tipo de ejercicio físico, una forma de evitar también enfermedades cardiovasculares.
  • Pérdida de audición y concentración. Usar auriculares a un volumen demasiado alto de forma continuada puede provocar a medio y largo plazo una perdida de la audición, ya que se somete a los oídos a un estrés por exceso de decibelios. Además, un volumen alto conlleva la perdida de concentración en cosas que ocurren alrededor al estar como ‘aislados’. Muchos son los casos de personas que van mirando la pantalla del teléfono o el reproductor de música pendiente de las teclas y con un volumen alto sin prestar atención al mobiliario urbano o a la circulación, con el peligro que conlleva.

Enfermedades tecnológicas touch

Enfermedades recientes propias del (ab)uso de los teléfonos inteligentes:

  • Nomofobia. Es el nombre con el que se conoce a la sensación causada por el miedo a no tener a mano el teléfono, el agobio que entrar pensando en estar ‘desconectado’ o ‘fuera de cobertura’ y que ello vaya a provocar el no enterarse de algo, perder alguna llamada, no poder recibir mensajes, interacuar en las redes y perder la conexión con los contactos. Lo de estar conectados 24/7 (24 horas al día, siete días a la semana) por miedo a perderse algo es, de forma preocupante, la forma de vida a la que muchos se fuerzan. Vivir separados del teléfono móvil por escasos minutos u horas o durante las horas de descanso nocturno, poco a poco se ha convertido en una de las principales angustias, con especial incidencia en los más jóvenes.
  • Síndrome de la vibración fantasma. Esa sensación de que el teléfono ha vibrado por la llegada de un nuevo mensaje, aviso o alarma y que results ser una ‘falsa alarma’ es algo que se repite muy a menudo. De forma casi inconsciente, tendemos a mirar la pantalla del teléfono decenas de veces al día por si hay algo nuevo que se nos ha escapado, nosotros mismos nos autoprovocamos el pensar que el teléfono se ha movido. Solución a estos dos síntomas: saber apagar el teléfono de vez en cuando y aprender a no ser tan dependientes para no caer en un estrés tecnológico viciado que puede afectar a medio plazo a nuestro sistema nervioso por el incremento de la ansiedad.
  • Síndrome FOMO. Este síndrome describe el miedo social de la exclusión del grupo que ha existido siempre pero que se ve incrementado porque las redes sociales y su universalización facilitan conocer en todo momento lo que están haciendo los demás. Conocer esas actividades en tiempo real puede incrementar la inseguridad y la baja autoestima de muchas personas al verse excluidos de dichas actividades realizadas por sus contactos.
  • Phubbing. Esta palabra que toma su origen de los términos ingleses phone (teléfono) y snubbing (despreciar), describe el uso abusivo del teléfono en presencia de otras personas llegando a ignorar su propia presencia. Actuar así de forma reiterada provoca un gran aislamiento con las personas reales que se tienen alrededor causando malestar por la sensación de menosprecio. Quién no conoce casos de personas que sentados alrededor de una misma mesa o estando juntos a dos palmos, se han comunicado a través del teléfono mediante algún sistema de mensajería instantánea o red social en lugar de verbalmente, no por evitar que otros se enteren de la conversación si no por la inercia de comunicar prácticamente todo a través del teléfono.
  • WhastsAppitis, Nintendinitis, Wiitis. Dícese de aquellas enfermedades tecnológicas que toman el nombre de la herramienta, programa, aplicación o marca del aparato tecnológico (WhatsApp, Nintendo, Wii) que la provoca más el correspondiente sufijo ‘itis’ que significa inflamación. El nombre puede resultar gracioso, pero desde luego no lo es. Desde la década de los noventa con la llegada masiva de las videoconsolas hasta hoy en día que ciertas aplicaciones móviles son usadas permanentemente a través de los dispositivos móviles, se han tratado diferentes síntomas asociados todos a una manipulación abusiva y continuada de mandos o teléfonos que han acabado provocando una inflamación de los tendones o tendinitis por la postura forzada principalmente de los pulgares y que han dado origen a estos nuevos términos para describir estas molestias musculares.

El listado de enfermedades tecnológicas es mucho mayor si tenemos en cuenta que como todo abuso puede derivarse en una adicción y provocar problemas de estrés, depresión, falta de concentración, alteración del sueño, ansiedad, pérdidas de memoria… Pero no es cuestión de asustar si no de concienciar. Es un listado en forma de aviso de las consecuencias que puede tener el vivir hiperconectados y sin saber darle a tiempo al botón de apagado. Toca disfrutar de la vida que sucede a nuestro alrededor y dejar a un lado esa necesidad constante y autoimpuesta de tener que estar localizable siempre, de tener que saber en todo momento qué sucede, de tener que contestar todo tipo de mensajes al segundo posterior de recibirlos, de tener que estar adoptando malas posturas por la facilidad de conexión que nos permite la actual tecnología, porque al fin y al cabo lo que está en riesgo es nuestra salud física y mental, así que toca saber dosificarse para poder disfrutar cuando estamos ON, sabiendo darle al OFF a tiempo.